La nutrición
es el tema que actualmente, y más que nunca, se encuentra
en el tapete. Es el tema obligatorio en reuniones, fiestas, oficinas
y ni hablar de los salones de belleza.
Aunque como ciencia, la nutrición es bastante joven, Hipócrates,
hace ya más de dos mil años decía: "Que
tus alimentos sean tu medicina". Por múltiples razones
se le llama también la ciencia del futuro, y por su relación
directa o indirecta, se asocia con más del 70% de las enfermedades
y patologías, ya sea por déficit o por excesos.
Cuando hablamos de una dieta balanceada, hablamos de un régimen
de alimentación que abarca los tres grupos de alimentos,
a saber: carbohidratos, proteínas y grasas. Ahora bien, para
decir que es equilibrada, tenemos que tomar en cuenta que estén
en las proporciones recomendadas: 60% de carbohidratos, 24% de grasas
y un 16% de proteínas. La dieta del dominicano es por tanto,
balanceada pero no equilibrada. Con el amplio abanico de alimentos
diferentes con que cuenta el país, ya sean de producción
local como importados, el dominicano debería consumir una
dieta más rica y variada. Como parte de nuestra cultura gastronómica,
tenemos todavía muchas cosas a cambiar en aras de una mejor
alimentación, que se traduce en una mejor calidad de vida.
Debemos consumir menos grasa, tratando de evitar aquellas de orígen
animal y preferir grasas o aceites de orígen vegetal. Con
una cantidad y variedad de frutas tropicales, que son el sueño
del paladar de otros países, es una pena que no tengamos
la costumbre de comer varias porciones de frutas y vegetales al
día.
Actualmente, en República Dominicana, tenemos serios problemas
de desnutrición causada por diferentes factores, pero el
principal es la pobreza. Paradójicamente, y de forma paralela,
estamos enfrentando el problema de la sobrealimentación,
producto de una cultura de excesos de ciertos alimentos ricos en
grasas y azúcares, que al igual que está sucediendo
en casi todos los países del mundo, tiene su orígen
en la globalización, nuevos estilos de alimentación
y una forma de vida cada vez más sedentaria. No debemos olvidar,
grupos más vulnerables desde el punto de vista alimentario
y nutricional, que por sus condiciones propias y específicas
tienen requerimientos nutricionales y calóricos diferentes
al resto de la población. Entre estos grupos debemos destacar
niños y niñas menores de cinco años, embarazadas,
sobre todo si son adolescentes, envejecientes, mujeres lactantes
y personas que viven con el VIH SIDA. En esta población,
es de vital importancia que le llegue la información necesaria
para optimizar sus recursos, ya escasos, para tener alternativas
de cómo alimentarse bien a un menor costo.
En una dieta, de por sí restrictiva, debería al menos
complementarse con complejos multivitamínicos y de minerales.
Si bien es cierto, que la mejor forma de adquirir estos nutrientes
es a través de los alimentos mismos, al suministrar estos
suplementos, garantizamos el aporte de estos importantes micronutrientes,
cuyo déficit puede ser causa de enfermedades, desórdenes
metabólicos y una disminución de la capacidad física
y mental de los individuos, haciéndolos menos productivos
para la sociedad. |