| La prematurez
es el resultado de la interrupción del embarazo antes de
la 37º semana de gestación. La incidencia de esta patología
varía desde el 4% (Japón) a cifras cercanas al 10%
(países en desarrollo).
Muchos de los partos prematuros tienen causas claramente identificadas,
vinculadas con patologías del embarazo (hipertensión,
diabetes, madres con nefrofatías, etc.) pero, en otros casos,
reflejan una situación social (falta de control en el embarazo,
desnutrición materna, analfabetismo, falta de acceso a los
sistemas de salud, infecciones en el embarazo). Otro porcentaje
de niños nacen prematuramente sin razón conocida aún
por la ciencia.
Los prematuros extremos son aquellos nacidos con menos de 1.5kg
o 32 semanas de gestación. Representan el 1.4% de los partos,
pero generan el 40% de la mortalidad neonatal y, además,
un importante número de secuelas. Las secuelas más
frecuentes son daños respiratorios (displasia broncopulmonar),
daños cerebrales (hemorragia intraventricular de diversos
grados), desnutrición post-natal y lesiones en la visión
(retinopatía del prematuro).
La estrategia para abordar el problema de la prematurez debe ser
combinada. En primer lugar, se debería intentar evitar el
nacimiento prematuro con políticas hacia la gestante y la
responsabilidad primaria sería del Estado, revirtiendo las
situaciones sociales antes mencionadas. En segundo lugar, si nace
el niño prematuro, es necesario contar con unidades de cuidados
intensivos neonatales que apliquen adecuadamente los progresos de
la especialidad que durante los últimos 20 años han
sido muy importantes. Estos progresos son tecnológicos, farmacológicos
y un conocimiento minucioso de lo que le sucede al niño recién
nacido. En lo tecnológico se ubican las incubadoras, respiradores,
monitores, ecógrafos, etc. En lo farmacológico, la
aparición de surfactantes como terapia de reemplazo ante
la carencia que tiene el prematuro de dicha sustancia que lo llevan
al colapso alveolar y la dificultad para mantener una adecuada oxigenación
en sangre. Sabiendo que el niño tiene un riesgo aumentado
de secuelas, es importante su detección precoz a través
de programas de seguimiento especiales para ex prematuros, que permitan
instrumentar tratamientos adecuados según la problemática
detectada.
El Síndrome de Dificultad respiratoria está vinculada
con la incapacidad del prematuro de sintetizar una sustancia (surfactante)
que en esencia es un fosfolípido más proteínas
que, distribuidas en la superficie alveolar, impide el colapso alveolar
durante la fase espiratoria de la respiración.
Se han realizado muchos intentos por buscar un agente reemplazante
que se pueda administrar exógenamente. Hasta el momento,
los surfactantes de origen natural (bovino o porcino) son los que
mejor resultado han brindado. Esta droga ha sido una de las más
probadas e investigadas por científicos del mundo, incluyendo
seguimiento a largo plazo de los ex prematuros, encontrándose
mínimos efectos colaterales.
Esta situación es una inmadurez transitoria, ya que al 4º
o 5º día el prematuro comienza a fabricar su propio surfactante.
El problema surge, entonces, desde su nacimiento. Hay dos maneras
de administrar este fármaco: profiláctico (antes de
la respiración del niño, en la sala de parto) o tratamiento
(una vez diagnosticada la enfermedad). En general, se utiliza la
segunda modalidad, excepto en prematuros de menos de 27 semanas
de gestación cuyas madres no recibieron corticoides prenatales,
aplicándose en estos casos la forma profiláctica.
La aplicación de surfactante redujo en un 30% la mortalidad
vinculada con problemas respiratorios del prematuro en Estados Unidos
y Canadá.
La administración de corticoides prenatales entre las 28
y 32 semanas de gestación en mujeres con riesgo de parto
prematuro ha demostrado ser un mecanismo eficaz y de bajo costo
para disminuir la incidencia y la gravedad del SDR. |