Es una
infección grave potencialmente mortal que empeora rápidamente
por la presencia de bacterias en la sangre (bacteremia) y suele
estar asociada con una enfermedad grave.
Causas
Esta enfermedad puede surgir de contaminaciones en todo el cuerpo,
incluyendo infecciones:
En los pulmones
El abdomen
En el tracto urinario
Puede aparecer antes o al mismo tiempo de infecciones
óseas (osteomielitis) del sistema nervioso central (meningitis)
u otros tejidos.
Síntomas
Fiebres
Escalofríos
Frecuencia cardíaca y respiratoria aceleradas
Apariencia externa de estar seriamente enfermo (intoxicado)
Sensación de muerte inminente
Signos de enfermedades asociadas tales como: meningitis , epiglotitis,
neumonía, celulitis u otras.
Estos síntomas avanzan rápidamente hacia un shock,
con disminución en la temperatura corporal (hipotermia),
descenso de la presión arterial, confusión u otros
cambios en el estado mental y anomalías en la coagulación
de la sangre que se evidencian por un tipo específico de
manchas rojas en la piel (petequias y equimosis).
Los exámenes que confirman la infección son:
Cultivo de sangre
Cultivo de orina
Cultivo de LCR
Cultivo de cualquier lesión cutánea sospechosa
CSC
Conteo de plaquetas
Estudios de coagulación
TP
TPT
niveles de fibrinógen
Gases sanguíneos
Tratamiento
Esta enfermedad debe ser tratada en un hospital, normalmente en
una unidad de cuidados intensivos.
Se suministran líquidos intravenosos (IV) para mantener la
presión sanguínea y con frecuencia se requieren medicamentos
IV potentes llamados simpatomiméticos. Además, se
inicia la oxigenoterapia para mantener la saturación del
oxígeno.
Antes de la identificación del organismo se trata la infección
con antibióticos de amplio espectro (efectivos contra una
gran cantidad de organismos). Una vez que los cultivos identifican
el organismo específico responsable de la infección,
se comienza con el suministro de los antibióticos específicos
para dicho organismo. En ocasiones, se puede necesitar plasma u
otro tratamiento para la corrección de anomalías en
la coagulación.
Situaciones que requieren asistencia médica
La septicemia no es muy común, pero es devastadora y su diagnóstico
oportuno puede impedir que se llegue al shock. Por lo cual
es necesario prestar atención a:
Cualquier niño con fiebre, escalofríos con temblor
y con la apariencia de estar grave debe atenderse inmediatamente
como caso de emergencia.
Cualquier niño con evidencia de sangrado en la piel
debe atenderse inmediatamente como caso de emergencia.
Cualquier niño que haya estado enfermo y que tenga
cualquier cambio en su estado mental debe atenderse inmediatamente
como caso de emergencia.
Prevención
Un tratamiento apropiado de las infecciones localizadas puede prevenir
la septicemia. La vacuna de HIB para niños ya ha reducido
el número de casos de septicemia por Haemophilus (al
igual que meningitis por Haemophilus, epiglotitis y celulitis
periorbitaria) y es una parte de la rutina del programa de vacunación
que se recomienda en la infancia.
Por otro lado, los niños a los que se les ha extraído
el bazo o que han tenido enfermedades que lo lesionen (como la anemia
drepanocítica) deben recibir la vacuna contra el neumococo,
la cual no está incluida dentro del programa habitual de
vacunación en la infancia.
Los contactos cercanos (padres, hermanos y amigos) de los niños
sépticos con ciertos organismos tales como neumococos, meningococos
y Haemophilus, pueden requerir terapia antibiótica preventiva,
la cual debe ser prescrita por el médico y el tipo de antibiótico
dependerá del organismo involucrado.
La septicemia puede conducir rápidamente a un shock séptico
y a la muerte y, asociada con algunos organismos (gérmenes)
como meningococos, puede provocar shock, insuficiencia suprarrenal
y coagulopatía intravascular diseminada, un trastorno denominado
síndrome de Waterhouse-Friderichsen. |